Precariedad, migración y represión ahuyentan a las jóvenes venezolanas de la política

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69% de las venezolanas considera que su participación es vital para que ocurra una transición real

Tras los reacomodos políticos del 3 de enero y la conmoción social que dejó el doblete sísmico del 24 de junio de 2026, el papel de las mujeres en la construcción de una transición democrática se enfrenta a barreras sociales, económicas y de seguridad que limitan su participación en los espacios formales de representación política.

Aunque el 69% de las venezolanas considera que su participación es vital para que ocurra una transición real, y en la práctica muchas mujeres sostienen estructuras de organización comunitaria, su llegada a cargos de decisión política es limitada.

Así lo revela el informe nacional “Sin nosotras no hay transición: La mujer venezolana y su participación política para la democracia”, elaborado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela) y la Red Mujeres Constructoras de Paz, el cual destaca de manera alarmante una nula vinculación a partidos políticos de las mujeres entre 18 y 34 años, quienes tampoco participan mayoritariamente en las actividades comunitarias debido a la precariedad económica, las responsabilidades familiares tempranas, los planes de migración y la experiencia de la represión.

El estudio, que combinó seis grupos de discusión online en Caracas, Maracaibo y Puerto La Cruz con una encuesta aplicada a 1.226 mujeres en todo el país entre el 27 de marzo y el 8 de abril de 2026, ofrece un diagnóstico riguroso sobre las tensiones que atraviesan las mujeres entre la supervivencia diaria, el liderazgo comunitario y la marginación del poder formal.

El desencanto y la desmovilización de la juventud

Mientras que el 80% de las mujeres mayores de 55 años considera que la participación femenina es vital para el cambio político, solo el 56% de las jóvenes menores de 34 años comparte esta visión. Su participación comunitaria es la más baja de todos los grupos etarios (apenas 20%), y su vinculación con estructuras partidistas es prácticamente nula.

La seguridad personal es un factor determinante. El informe destaca que el temor al hostigamiento, las campañas de estigmatización en redes sociales y la persecución política desalientan la actividad cívica de las mujeres. En los últimos cinco años, el 74% de las mujeres reporta haber participado en política, pero de forma predominantemente coyuntural mediante el voto en eventos electorales. El miedo a represalias tiene sustento real. Según datos de Foro Penal recopilados en el estudio, en los recientes contextos electorales se registró la detención arbitraria de al menos 246 mujeres, mientras que misiones de la ONU identificaron específicamente a 28 niñas entre los menores judicializados.

Frente al descrédito y la fuerte politización partidista de espacios comunitarios como los consejos comunales (que un 71% de las entrevistadas no considera legítimos ni efectivos para el cambio), las iglesias se consolidan como el refugio de confianza: el 61% de las mujeres consultadas identifica a las instituciones religiosas como entornos seguros de organización comunitaria.

FUENTE EFECTO COCUYO

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